La decisión de visitar el Porto Timoni me ofreció una de las mejores experiencias de mi vida. El camino hacia la playa pasa literalmente al lado de unas vistas espectaculares que pueden seducir cada visitante. Hasta el principio de nuestra aventura, la plazoleta del pueblo Afionas, hasta su final, la ruta pintoresca que nos llevó a las dos playas, sentía una libertad inexplicable.

Vamos a escribir la historia desde el principio. Era una calurosa tarde de Julio, cuando decidí llevar a una amiga a ver la belleza de la isla que tengo la suerte vivir. Lo extraño es, que durante los años de mis estudios en Corfú, aunque me gusta mucho la naturaleza y los senderos ocultos, nunca había escuchado de esta encantadora playa: Porto Timoni. Así que empezamos por la carretera hacia el pueblo de Afionas, ubicada en la parte noroeste de la isla, un camino local muy viejo, lleno de baches, giros y vueltas que sin embargo no nos desanimo ni en lo mas mínimo. Eso era porque la vista, por la ventana derecha o izquierda era impresionante,  un paisaje salvaje, virgen, como si nunca hubiera pasado por ahí  existencia humana para «domesticarlo». Por todas partes habían abetos, cipreses y olivos, el viento olía a tomillo y las aldeas se veían uno tras otro mientras pasábamos por la carretera provincial.

Al llegar a una boscosa península que separa la bahía de Agios Georgios con la del pueblo Arilas, nos quedamos asombradas al ver el mar abierto. El calor era insoportable, pero hacía un viento fuerte. Nuestro único deseo era quedarnos quietas, con el sabor del cielo y del mar. Haber encontrado este paisaje era una verdadera bendición: El azul profundo, abrazando las enormes  colinas verdes y en medio del mar, por el lado noroeste, estaban las Islas Diapontia -Mathraki, Othoni y Ereikoússa- y muchas más islotes pequeños y deshabitados que tienen sus propias leyendas y su propia belleza cautivante. Llenas de imágenes bellas, comenzamos el descenso hacia el mar. La ruta atraviesa el pueblo Afionas. Llegamos a la plazoleta adoquinada admirando las casitas de piedra, con las azoteas rojas y pequeñas tiendas con cerámicas y la pintoresca iglesia. Tomamos el pequeño camino, conociendo también a  otras personas, en su mayoría extranjeros, de diferentes edades, otros con mochilas de montañismo, otros con sombrero y traje de baño, niños sobre los hombros de sus padres, jubilados que iban de la mano y aventureros ciclistas con mapas y botellas con agua.

El tiempo de completar la ruta hacia Porto Timoni no es mucho; aproximadamente 20-25 minutos, sin embargo el camino es bastante áspero ,lleno de piedras y  bastante estrecho.   En cuanto a la vegetación, parecía mucho a la del desierto, con arbustos y muchas flores y plantas aromáticas bajas que crecen el la arena. El paisaje junto al azul del mar nos dio la sensación de que éramos exploradores-tal vez piratas-explorando este lugar salvaje o buscando algún tesoro. El Porto Timoni, fue además, el puerto viejo del pueblo y sin duda el punto de partida de muchos piratas. Caminando aún más abajo, nos dimos cuenta de algunos restos de algún muro que, como nos dijeron los locales, fue construida durante la dominación veneciana debido a la gran importancia de la ubicación geográfica del golfo, y también para la protección de los habitantes de la aldea.

Por fin, llegamos a Porto Timoni.  En efecto, eran dos playas diferentes llenas de piedritas finas y blancas, poco profundas, que están separadas entre sí por un trocito de tierra: sin duda un trocito de paraíso. La playa mayor se llama Porto Timoni y la pequeña Limni. Nadamos en las aguas turquesas, cristalinas, mirando el entorno tranquilo. Quedamos en las aguas hasta el atardecer. Luego subimos al barco pequeño para volver a nuestro coche a través de la cercana playa de Agios Georgios, disfrutando el ultimo momento de oír la brisa marina y el sonido de las olas.

Creo que pronto volveré a visitar este trocito de paraíso, el inolvidable Porto Timoni.