Tuve la oportunidad de conocer Corfú como estudiante. Pero pasaron los años, y era el momento de empezar algo nuevo. por eso tendría que despedirme de esta isla tan hermosa. Fuimos cuatro amigas y todos dejábamos Corfú una vez y para siempre. Pasaríamos un semestre en el extranjero y tendríamos que vivir un verano  por lo menos extraordinario. Tenemos que hacer cosas que nunca pensamos que haríamos. Con este pensamiento , alquilamos un barco para ver el norte de Corfú. Por suerte hay muchos alquileres de barco en la isla por eso no tuvimos ningún problema en encontrar uno. Elegimos la más cercana al centro. Lo mejor era que podríamos alquilar el bote sin tener una licencia. Por supuesto el señor Mike nos enseñó como manejar el bote y qué hacer en caso de emergencia.

Tony, el dueño de la tienda nos entregó el bote junto con un mapa y nuestra excursión comenzó.  Todavía era pronto y no hacia muchísimo calor así que decidimos zarpar hacia el parte norte de la isla.  Hemos decidido que nuestra primera parada debe ser la playa de San Stefano. Como casi todas las playas en el norte de Corfú, éste también combina mar y montaña. Mientras nos acercábamos con el bote vimos una bahía preciosa con una playa enorme rodeada de las estribaciones de la montaña. Podríamos detectar algunas pequeñas tiendas y tabernas, pero no bajamos del bote porque el lugar era superpoblado y teníamos miedo de acercarnos a la costa.

Así que fuimos a la siguiente playa que se llama Nissaki.  Nissaki es una maravillosa playa con aguas cristalinas y piedritas blancas. La playa era bastante pequeña y como no pudimos resistir el agua, se nos ocurrió saltar del bote y bañarnos; la mejor idea del mundo! El agua estaba agradablemente fría y tan limpio que podríamos ver el fondo del mar, con muchos peces y caracolas.

Y así,  seguimos explorando el norte de Corfú; nuestra ultima parada fue en Barbati, allí nos acercamos a la costa, encontramos un lugar con poca gente, nos asegura amarramos el bote y bajamos para tomar un poco el sol, comer y beber algo porque la atmósfera era sofocante. La playa de Barbati también tiene una belleza muy particular ya que su paisaje combina la montaña con unas vistas de mar infinitas.

Abordamos nuevamente y zarpamos hacia el sur. La siguiente parada fue la playa urbana de Ipsos. Es una playa de arena, muy organizada, donde se puede encontrar sombrillas y tumbonas, cafeterías, restaurantes, supermercados, tiendas de ropa y mucho más. Disfrutamos de las aguas cristalinas, y después de una cena maravillosa cerca del mar, paseamos un poco por el pueblo. ¡Que pena que teníamos prisa para visitar la ultima playa y no tuvimos más tiempo!Así que nos dirigimos a nuestro bote.

La última parada fue la playa de Dasia, que es también muy organizada. Al final de la playa hay un pequeño muelle con bates y barcos, y allí aparcamos el nuestro también. Ya no había sol para tomar así que nos tumbamos en las camas solares y empezamos a hablar por los codos. Volvimos a la tienda de Tony y allí estaba él sonriente y amistoso como siempre, nos dio la bienvenida y le devolvimos el barco.

Por la noche quedamos en mi casa para una noche de cócteles en mi terraza, y propuse a mis amigas que repitiéramos esta aventura. Todos estuvimos de acuerdo que sin duda fue una experiencia inolvidable que debemos repetir!